16.5.13

CUANDO LA GAUCHE DIVINE SE CRUZÓ CON VON DÄNIKEN


Uno de los grandes versos sueltos del cómic español fue Enric Sió. Aunque en su formación juvenil trabajó en Bruguera y para las agencias que facturaban historietas con destino Inglaterra, enseguida pasó a ir por libre. Sió era un dandy vinculado a la Gauche Divine, la versión barcelonesa (y por tanto debemos saltar distancias) de la Izquierda Exquisita neoyorquina que tan bien retrató Tom Wolfe. La Gauche Divine se reunía en la discoteca Bocaccio, tenía actitud elitista y de clase y dondeallí hubo un poco de todo: intelectuales, arquitectos, fotógrafos, artistas, modelos, cantantes. Eran tan modernos que entre sus filas también hubo un dibujante de cómics: Enric Sió. No era, claro, un dibujante cualquiera; no formaba parte de la industria española de aquellos años y, en cambio, publicaba en el extranjero algo tan extravagante, entonces, como podía ser cómic de autor, y encima respaldado con todos los beneplácitos críticos y diversos premios. EDT, en uno de esas maniobras (habituales) de justicia patrimonial, romanticismo y (por qué no) escaso ánimo de hacerse millonarios, ha recuperado estos días una de las obras claves de Sió, Aghardi, en gran formato y estupenda edición.

En 1969 Sió fue galardonado con el Gran Premio del Salón Lucca por Aghardi, una serie de autor que estaba publicando directamente para el mercado italiano. Dos años más tarde recibiría el premio Yellow Kid (también italiano). No deja de ser curioso que el primero de esos galardones fuera un ex aequo con Robert Crumb, nada menos. La fecha, 1969, debe resaltarse. Son los años de auge absoluto de la reivindicación del cómic adulto y de autor que encabeza el teórico Umberto Eco, y tiene a Italia y la revista Linus como uno de sus focos principales. En otras palabras, en 1969 el aparato teórico de la modernidad en el cómic consideró que el futuro del medio estaba en dos jóvenes promesas: Robert Crumb y Enric Sió. Del primero, hoy, no hay duda; del segundo, hoy, es necesaria la divulgación porque el propio medio lo tiene bastante olvidado, entre otras cosas porque abandonó los cómics dos décadas después para dedicarse a la fotografía (y luego falleció, por lo que su presencia pública es imposible). Pero eso no lo explica del todo. Releer Aghardi en 2013 sí, o al menos en parte.


Leí Aghardi por primera vez en 1979, cuando se editó aquí por primera vez como parte de la Biblioteca Tótem, que entonces me parecía por formato y contenido una colección imperdible (y eso que aún no era mayor de edad). No sé cómo me hice con él, si engatusé a algún adulto o lo robé de algún quiosco (sí, confieso que cometí algún delito de este tipo en mi juventud: robar tebeos). Hoy no conservo ese ejemplar porque se lo presté a alguien y, un poco por justicia divina, nunca lo devolvió. Tampoco conservo Mara, que ahora recuerdo como su mejor obra. Quizá fuera alguno de mis amigos mods, aunque no puedo jurarlo. Mi gusto estético por el arte pop y la estética sesentera viene de lejos y en eso Sió es brillante. Dibujos rematadamente pop de inspiración fotográfica. Hoy sé que tiene sentido también por su pertenencia al movimiento barcelonés más esteta de la época, pero entonces todo eso lo desconocía. Cuando leí Aghardi, luegó se lo presté a mi amigo mod del instituto porque pensé que le cuadraría estéticamente. Así fue, porque luego hizo un fanzine y puso dibujos de Sió y fotos de Tuset Street.


Aghardi es una explosión de ese grafismo pop que tanto me seduce. También es, en cierta manera, un canto a la imagen de Guillermina Mota, una cantante catalana de la época, entonces muy popular (y también miembro del círculo divino de Bocaccio). Guillermina, entonces pareja de Sió, fue la modelo que inspiró la protagonista femenina de este cómic. Otra fuente de inspiración es el mundo de la Fórmula 1, llena de glamour y, entonces, un deporte alejado en España de las masas. La tercera inspiración es clave en el argumento: el realismo fantástico de Pauwels y Bergier o, sobre todo, uno de sus hijos directos: Von Däniken y sus teorías sobre civilizaciones perdidas y contactos extraterrestres. Junto a la estética del 60’s pop, fue otra corriente de moda con un enorme impacto en la cultura popular. Jack Kirby también sucumbió a ella, y está muy presente en el 2001 de Kubrick. Todos estos elementos hacen que perdone algunos de los defectos que hoy encontramos en la obra de Sió.

¿He dicho defectos? Sí, lo he dicho. Lo curioso es que lo que hoy nos lo parece a los lectores de cómics del siglo XXI, hace cuarenta años eran virtudes, riesgos y ánimo experimental. No voy a engañar a nadie: leer Aghardi en 2013 requiere una cierta disposición y voluntad. Sió experimenta con la narrativa, la interrumpe, busca las elipsis, se desentiende de la historia en busca de lo gráfico, sugiere más que explica. Eso, que está muy bien aunque se noté su carácter pionero, se mezcla también con el hiperrealismo de inspiración fotográfica que hoy parece anticuado en términos de narración. Creo que hay cosas y experimentos que en cómic se explican y fluyen mejor si nos alejamos del hiperealismo, por mucho que éste esté tamizado por la estética pop y un brillante uso del blanco y negro. Creo que Sió lo intuyó en algún momento y por eso abandonó el cómic para dedicarse a la fotografía: no tenía sentido pasarse horas intentando dibujar la foto perfecta cuando puedes hacerla. Por eso Crumb permanece vigente y el arte de Enric Sió no tanto.


Es cierto, sí, que la lectura de Aghardi  en 2013 conlleva esfuerzo y requiere contexto, pero eso no evita que entre por los ojos y que sea una verdadera avalancha de corrientes culturales pasadas (algunas vigentes, otras envejecieron rápido). Tampoco debe menospreciarse su condición de pieza importante en la historia del cómic, el nuestro y el de fuera, que es justo recuperar del olvido. Al fin y al cabo Sió era un verso libre, un heterodoxo y un dandi esteta, y eso siempre lo hará interesante.



Bola Extra: escribiendo este texto he recordado una de las últimas irrupciones mediáticas de Sió. En el derbi entre Barça y Real Madrid de 7 de marzo de 1992 los espectadores de televisión vieron sorprendidos la presencia de una chica desnuda en la grada. Las cámaras se recrearon, claro. Tras el número estaba Sió, por entonces preparando un libro de fotografías, Barcelona Guapa, que consistía en poner chicas bellas y desnudas en lugares emblemáticos de la ciudad. El planificado golpe mediático le salió bien y obtuvo toda la publicidad gratuita que buscaba.


Bola Extra 2: en el siempre bien surtido blog de Joan Navarro hay documentos muy interesantes sobre Enric Sió y Aghardi.



15.5.13

AMOR Y VENDETTA



Hace unos días publiqué en Gencomics una entrevista con Oriol Hernándes, premio al autor revelación del pasado Saló y responsable gráfico de un buen tebeo que mezcla mafia, romance, memoria, literatura de bolsillo y circo. La entrevista pueden leerla AQUÍ. La entrevista traduce (del catalán) la que le hice en directo en el Cabaret Elèctric (escuchar audio).

 

9.5.13

NASTI DE PLASTI


Mañana viernes a las 19:00 tengo una charla en el GUTTER FEST - I Fira d'Autoedició de Barcelona. En un principio me propusieron hablar de las llamadas biblias de Tijuana, un tema en el que tengo lagunas. Como me pillo en un momento en el que ando escarbando en los primeros fanzines y publicaciones del comix undergroun español, pensé que era un buen tema ver qué hubo, comparar los conceptos de enonces con los de ahora y recorrer publicaciones como El Rrollo Enmascarado y sus hermanas o vecinas aprovechando que los principales títulos de esa época se pueden encontrar digitalizados por la res. Pues eso, avisados estais.

8.5.13

UNAS MARACAS PARA DOMINAR EL MUNDO




Aprendí a tocar las maracas en clase de solfeo y desde el primer día me sentí unido a ellas. Aún sigo. Dadme un poco de metanfetamina y unas maracas y cambiaré el mundo.
Así empieza mi último Butano, que pueden leer íntegramente allí donde corresponde, es decir, en El Butano Popular. Por cierto, esto me recuerda que no enlacé por aquí la anterior entrega. Empezaba así: 
“De mayor quiero ser escritor de novelas de quiosco o yonqui” fue una afirmación a la que acudí con frecuencia en algún momento de mi juventud, ya pasada la veintena.

3.5.13

EL GABINETE DEL DOCTOR MARTÍ (IV): DOS ENTREVISTAS

Martí. Autoretrato publiicado en el TBO (etapa neotebeo) núm. 3

Continuando la serie de entradas dedicadas a Martí Riera festejando su regreso a las librerías con Atajos, la antología de historietas breves editada por La Cúpula, he recuperado dos entrevistas publicadas en El Víbora. Lo cierto es que son pocas las entrevistas que tengo detectadas de este genial autor, así que me parece un material más que interesante para subir al blog y que espero agradezcan los fans de Martí (entre los que me cuento). Además, las he enriquecido con material gráfico no incluido en la publicación original.


Entrevista publicada en El Víbora #76 
realizada por Kandido Huarte
(Nota: el momento de publicación de esta entrevista la segunda parte de Taxista estaba a media serialización)  

Si Martí hubiera nacido en los felices sesenta, sería ahora una de las esperanzas blancas del baloncesto catalán. Pero vino al mundo, géminis desde el cogote hasta la planta de los pies, en 1955, un año más bien tontaina. Su familia, digna representante de la burguesía del quiero y no puedo del ensanche barcelonés, le envió al colegio de los Reverendos Padres Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús. De pequeñito soñaba con dejarse una larguísima barba y dedicar su vida a cristianizar indios motilones. Y a sus quince añazos, en vez de ensayar tiros libres a la canasta, jugaba todavía con el scalexiric.

Los resultados de tanto despiste están a la vista. Martí es un perfecto ejemplo del fatal destino de la juventud descarriada. Su máximo oficio, y beneficio estriba en crear y dibujar historias. Tiene el pelo prematuramente encanecido y es un tipo atribulado, aunque cordial, que camina con los hombros cargados, como si no quisiera molestar con su 1,85 de altura a la patulea de dibujantes bajitos y malignos con los que se relaciona.

De aquel colegio, el mismo en el que estudió Vallés, me han quedado cantidad de malos rollos. Sobre todo, el concepto de pecado, que me obliga a plantearme continuamente si es bueno o malo lo que estoy haciendo. Por eso me atraen mundos como los de Taxista, en los que lo bueno es superbueno y lo malo, supermalo. Mi pelo cano es producto de la paranoia... La realidad con mayúsculas no existe. La paranoia, ese tobogán que se mueve en una espiral vertiginosa, surge cuando eres consciente de que hay miles de realidades. Yo intento acotar algunas, como lo hago en Taxista, aunque sea de forma exagerada o mediante la retórica.

Martí abandonó a sus maestros misioneros para adentrarse en la jungla haciendo COU en un instituto, también de nombre pomposo: Emperador Carlos. Allí descubrió el amor —aunque no se atrevió a declararse a la chica, una de las más feuchas de lo clase— y la contestación al tardofranquismo. Luego quiso ser arquitecto, pero sólo aguantó un año en la facultad. Finalmente, para completar el cuadro de su nada gloriosa formación académica, se matriculó en la Massana, donde ganduleó una temporada con la excusa de aprender diseño gráfico. Hasta entonces su producción artística se reducía a un retrato del marido de su madrina.

Fue mi época hippie, en la que no me privé de nada, ni siquiera del consabido viaje iniciático a Amsterdam. Pasaba todo el tiempo tomando cervezas en la terraza del Zurich y viendo películas en la Filmoteca. Me ponía ciego de todo tipo de drogas: chocolate, caballo, anfetaminas... (el Bustaid te lo vendían sin receta a 40 pelas el bote en la farmacia) Y un día, después de leer algo sobre cómic norteamericano, me convertí. Decidí ser dibujante underground y asumí ese papel en el aspecto más folclórico de la cuestión. Menos mal que, al cabo de unos años, cuando ya no iba tan acelerado, comprobé que el cómic era algo más que el delirio de tres drogadictos. Uno podía dibujar porque había una gente que lo editaba y otra que pagaba por tenerlos en las manos.

De aquel Martí al que han estado a punto de premiar en Angulema media un buen trecho. Sigue fiel a su técnica artesanal de dibujo, a sus amigos y a sus jamadas de coco, pero la edad le determina, como reconoce sin añoranzas babeantes. Tiene treinta tacos y una buena antigüedad en el ramo del cómic. No le gusta cualquier coñac sino el Mascaró. Busca un apartamento para instalarse más o menos definitivamente. Especula con fantásticos proyectos para el futuro. Aspira a publicar una tira diaria en el periódico. Y mientras tanto, reflexivo y poco vanidoso, se maravilla de que le hayan nominado finalista del premio Alfred en Gabacholandia. Sencillamente no lo entiende.

Taxista, edición francesa de Artefact (1985)

Me resulta misterioso el interés del jurado por la obra primeriza de un desconocido. Para colmo, el álbum Taxista ha aparecido en Francia bastante mal impreso en una editorial que ha quebrado y me ha dejado un buen pufo. Es como si tuviera un gafe francés. Las tres o cuatro revistas que han publicado cosas mías también se han hundido. No sé... Me imagino que a los de Angulema les ha flipado la historia de Taxista y el parecido con Dick Tracy. Porque yo. Como es notorio entre los círculos de entendidos, he hecho un voto de seguimiento del estilo de Dick Tracy. Lo encuentro perfecto: económico de medios y superexpresivo.

Martí, campeón a su pesar de la duda metódica, habla de Dick Tracy con la convicción del un iluminado. De la obra de la obra de Chester Gould ha extraído más que un estilo: una verdad. Por eso se ve a sí mismo como el propagandista de tan asombroso hallazgo, no como el epígono de nadie. No se trata de una cuestión de identidad creativa sino de expresión. Su Taxista, epopeya urbana de la Ley del Talión, es una historia propia elaborada en un lenguaje artístico que le viene dado porque voluntariamente lo ha hecho suyo. Y, además, como argumenta, en el cómic todo el mundo es deudor de otros prójimos. Unos de Crumb otros de Hugo Pratt, otros de Herriman, otros de Swarte y éste último, por señalar con el dedo, del Hergé de los años cuarenta.


El reto que yo afronté con Taxista era otro. Pretendía reivindicarme como mente pensante. Quería romper el supuesto de que el dibujante es un subnormal, que tiene sólo buen gusto y al que sólo le funcionan las manos. En  este sentido el dibujo resulta el mero soporte de un cómic. El cinismo, como elemento motor de la sociedad actual, es mi verdadero caballo de batalla en Taxista. El cinismo empapa el contexto realista en el que se desarrolla la historia. El sarcasmo condiciona todas las aventuras del protagonista, un noble bruto, reaccionario sin él saberlo, enfrentado a malos psicodélicos que van a la búsqueda de su propia perdición. Ellos mismos se autodestruyen sin que el taxista les ponga las manos encima.

Tienes un futuro en la policía nacional (El Víbora 27)

Este álbum, como todo Martí, es producto a partes iguales de la casualidad y de la búsqueda de un delicado equilibrio interior. Martí ya había dibujado una corta historia con el Taxista de prota, pero se decidió a continuarla después de un encuentro extravagante y ciertamente peligroso. En Logroño, en una de tantas jornadas sobre el cómic, el jefe superior de policía se declaró fan empedernido de El Víbora. El pasmarote, un tío puesto al día, se deshizo en elogios: sois cojonudos, qué bien que os lo montáis y tararí-tarara... Sólo puso una pega: ¿Quién era ese soplapollas de Martí?, ¿por qué había dibujado aquella ofensa titulada Tienes un futuro en la Policía Nacional? Martí, uno de los interlocutores del bofio, hubiera querido que se lo tragase la tierra. Mediavilla, mas rápido de reflejos, le echó un capote: era un argentino que había
pasado por la redacción y había desaparecido sin dejar rastro. (nota ausente: el guionista de esa historieta era, de hecho, Sampayo). El Martí fetén dio un respingo y pensó en cómo compensar el desaguisado del Martí ché. El Taxista tenía que volver a zigzaguear al volante de su bonhomía por las caóticas calles del mal.

A mí me gusta el contraste: el blanco y el negro, la verdad y la mentira, la desidia y la ambición, la jerga de la calle y el diccionario de sinónimos y antónimos. Por eso me enrolla dibujar La Edad Contemporánea en la que Onliyú mezcla fantasía e historia. La definición de mi obra es simple: un delirio coherente, un hiperrealismo fantástico. Está claro, ¿no? Todo se reduce a dispararse en plan Challenger pero controlando las orillas para no desintegrarte. O sea, vacilar con dos antítesis siempre desde la sugerencia, sin la obligación de dar ramplonas explicaciones.

La Edad Contemporánea: Zurich 1916 (El Vibora 11)

El lápiz de Martí es entre sus colegas incluso más famoso que sus frases geniales, como aquélla de “queda inaugurado este pantano” con la que dio por terminada la presentación de una exposición suya. Su sistema de trabajo le hace perder mucho tiempo, pero no tiene intención de variarlo. La manera como  dibuja le garantiza el resultado que busca. Todo lo ve en blanco y negro a través de la punta de su lápiz. Cuando pasa las páginas a tinta no cambia el más mínimo detalle. Y, por supuesto, controla él mismo todo el proceso. Ni siquiera recurre a amiguetes colaboradores. Su narciso perfeccionismo no se lo permite. 

Trabajando soy perfeccionista, sí. Claro que eso también lo compenso: en mi vida personal me ocurre todo lo contrario. Tengo un humor tornadizo. Mis desdoblamientos de personalidad me pueden, me zarandean inmisericordemente de una parte a otra. La excepción es con las chicas. Con ellas me siento monógamo, tradicional y casero. Pero en mis relaciones amorosas, como en las de todo quisque los problemas económicos son muy importantes. Y yo hasta ahora no he dejado de tenerlos. Hay quien me ha reprochado no ser ambicioso. Se equivocaba. No carezco de ambición pero es muy mía, soterrada y un poco retorcida. Ahora, por ejemplo, reprimo la tentación de pintar acrílicos, algo que no me resultaría difícil, porque no me consideró pintor. Mi secreta aspiración es abstraerme todavía un poco más. Y, puesto a lanzarme a algún bisnis, montar una fábrica de ideas. Sería una manera nada perdularia de tratar de salir de la miseria.

Esta última elucubración retrata a Martí. El quiere que las ideas sean Jauja. Pero si pretende venderlas tendrá que espabilar porque son un producto altamente perecedero. Se verá obligado, por fin, a abjurar de su parsimonia creativa. Deberá ajustarse a los plazos marcados para la entrega de originales, empresa harto complicada como saben las tres mujeres de las que se ha enamorado. La primera, Rosa, fue un amor fou, un enganche compartido con otros menos sentimentales en la época en que iba de impasible por fuera y atolondrado por dentro. Con la segunda, Edi, psicóloga de profesión, vivió seis años su tierna apuesta por la pareja. Sobre la tercera, que también se llama Rosa, no es tiempo de hacer balance.

Lo de tener novia tiene una ventaja añadida: siempre llevas puesta alguna prenda moderna y a las chicas les gusta que vayas a la modo. A mi, siempre que sea con cuentagotas no me importa. En el fondo me gusta porque así compongo una vestimenta híbrida, inclasificable, una mezcla de seudomodernez y sport a base de herencias y regalos de padres, hermanas, novias y amigos. En esto, como en todo, mi estilo no me pertenece. Yo me desprendo de mí mismo con mucha facilidad. El lío viene luego, cuando vuelvo sobre mis pasos para encontrarme.

Entrevista publicada en El Víbora #126-127 
realizada por Jesús Benavides

(publicada tras recibir el premio al mejor álbum español por Doctor Vértigo en 1990)

Ramblas. Café de la Opera. Un par de cafés, unos whiskys. El 'loro grabando nuestras voces en la cinta magnética. Delante mío, Martí, flamante premio nacional del Saló del Cómic. Con sus ojos observadores y penetrantes, con sus palabras lúcidas y provocadoras, como ametralladoras apuntando a las raíces de la ciega sumisión en que sobrevivimos, con su humor sarcástico de alto nivel. Barcelonés, Géminis del 55, 1,85 m. de estatura. Sus primeros pasos en el mundo de la historieta suelen asociarse a los "Tebeos del Rrollo". 

A la Calle (Los tebeos del Rollo)

¿Qué recuerdos guardas de esos tiempos? 

—Que vivía a salto de mata. Tenía una relación mínima y relativa con el grupo de Montesol, Mariscal, Nazario, los hermanos Farriol, etc. Les hice una portada y un par de historietas para el A la Calle. Pero yo era un marciano que aterrizaba de vez en cuando en ese grupo. Literalmente marciano, nada que ver con ellos.


—Saltando en el tiempo, empieza "El Víbora" y comienzas la serie Tony Nuevaola y Lola Lista contra los NADA, que se va a volver a publicar dentro de poco en las 'Historias Completas". 

—Le propuse a Rodolfo Hoyuelos la estructura de la historia inicial para que él la desarrollase: un grupo terrorista psicodélico contra una pareja de periodistas. Entonces estaba muy de moda el periodismo de investigación de las tramas negras. 

—Gráficamente ¿es la primera serie qué haces? 

—Sí. Quería someterme a una especie de tesina, de guión foráneo, para aprender, para conocer los mecanismos del guionista y del dibujante. Me supuso un calvario bestial... Me sirvió para aprender lo que debe y lo que no se debe hacer en una historieta larga. 

—La segunda serie es "Taxista Cuatroplazas en el 1984 ¿no? 

—A medida que me vi envuelto en el propio tono que le di a la historia lo hice todo más conceptual. Los diálogos me daban la pauta del transcurso de la historia. Y la lectura de varios libros, entre ellos la Introducción a la Psiquiatría de Castilla del Pino... No me hacía falta delirar con vistas fantásticas, sino que con planos medios y cortos de los personajes, sin fondo, sus conversaciones me permitían llevar la historia bien. 

—Una de las cosas que encuentro absolutamente lograda en Doctor Vértigo es su unidad de lenguaje. Me explico, antes de este álbum tus narraciones eran en estructura lineal, convencional. Y aquí aparece algo en lo que el grafismo, la acción, las descripciones se funden espacialmente... 

—En alguna ocasión yo le llamé a eso "tiempos muertos"... cortocircuitos... cortocircuitos contínuamente. Las cosas no son lógicas. Lo que se piensa inconscientemente, lo que luego se traduce en el pensamiento consciente y lo que luego se traduce en hechos, es totalmente ilógico. En realidad, Doctor Vértigo es un gran diálogo entre la chica y los diferentes interlocutores. Lo que sale en el dibujo es el contraste, la contraposición entre lo que se dice teóricamente y lo que se hace prácticamente... 


—Alicia, ama de casa, ¿con depresión o con histeria? 

Ana Seró, la psiquiatra que me asesoró, me explicó la diferencia. Hace cincuenta años, cuando la sociedad española era más rural que urbana, se producían muchos más casos de histeria. Porque la histeria es un grito de protesta, literalmente así, grito y pataleo que necesita público para que tenga resonancia, para tener razón de ser. En cambio, en el mundo actual, anónimo, urbano, de macrociudades, con la masificación y el individualismo salvaje en el que nos vemos, ahí surge la depresión. La depresión no necesita público. La depresión se hunde en uno mismo, en el aislamiento del propio hogar, de la habitación de uno, de la cama de uno, sumergido dentro de tu sábana. La depresión no necesita de nadie.



—Hablemos de Alicia... inconscientemente yo la he asociado con la del "País de las Maravillas". Tal vez ese país sea el mundo de la felicidad-burbuja de la tele, la publicidad, etc. Ella convive con ese mundo pero no puede entrar en él... 

Taxista empezó como una historia de cuatro páginas a raíz de un conato extraño con el Jefe de la Policía Municipal de Logroño. Como consecuencia de esta anécdota se me ocurrió hacer una historia reaccionaria al cien por cien, en la que un buen ciudadano democrático, frente a un caso típico de delincuencia común, reaccionaba de la forma más fascista posible, con la consigna de "yo colaboro con la Ley a cualquier precio, bajo cualquier circunstancia". Al mes siguiente, con el material ya publicado, un día se me hizo la luz y dije "¿Coño, esto puede ser lo qué llevo meses buscando sobre el personaje prototipo de tal?" Y como consecuencia de mi obsesión con el personaje de Dick Tracy, de Chester Gould, al prototipo de héroe reaccionario lo convertí de policía a taxista. Y la historia se alargó de cuatro páginas a setenta. 

Un Doctor Vértigo en Taxista

—En el Epílogo de "Taxista" aparece una viñeta en la que se lee: "Doctor Vértigo". Gabinete Psicológico. Hospital Clínico. ¿Estaba ya el Doctor haciendo prácticas? ¿acabaría de salir de la facultad, no? 

—Eso no me lo ha preguntado nadie. Es curioso, sí... Supongo que es un nombre para psiquiatra que se me había ocurrido hace tiempo. Cuando me pareció que Cuatroplazas estaba en condiciones de majara para irse al psiquiátrico, lo metí en el protopsiquiatra, que era el Doctor Vértigo. Si te fijas, la cara de éste no es la cara del otro. En el nuevo respeté el nombre. En realidad, no es el mismo pero sí es el mismo... 

El Gabinete del Doctor Martí (El Víbora 26)

—Te leo otra frase de "El Gabinete del Doctor Martí": "¡Qué extraño es el mundo de los sueños! ¡Cuántos misterios esconden los razonamientos hechos cuando dormimos! Hoy les presento este pequeño caso que intentará, en la medida que sea, dar un poco de luz a este fantástico tema..." Quizá esto nos sirva de introducción para charlar del álbum de Doctor Vértigo. 

—La idea, en principio, era hacer una parodia de los comic-book de superhéroes americanos, con mucha acción y mucha gente volando... Lo que tenía claro era un psiquiatra con superpoderes y una mujer, una ama de casa, con problemas, porque eso es un asunto que viene de cuestiones familiares mías. Sobre la estructura básica tenía claro que Doctor Vértigo se metía en el cerebro de una mujer... Y te voy a explicar por qué. Una vez más estaba haciendo un homenaje a una película que había visto años antes. Así como Taxista es un homenaje a Taxi Driver de Scorsese, éste lo es a Viaje Alucinante... 


—Y desarrollando la idea, eliminaste la ciencia ficción. 

—No consigue comprenderlo, y además se droga sin saberlo. 

—¿Por qué unas drogas son legales y otras no? 

—Mi opinión es ideológica. Y es que unas permiten que el adicto siga produciendo, siga siendo benéfico para la sociedad, para el Estado, y otras no. Las que lo permiten, como los fármacos, la televisión, el vídeo, el juego, el alcohol, son legales. Las otras, no. 

—Volviendo a Alicia... En un momento dado se da cuenta que está mal y acude al Profesor Trauman. Ese tipo es un poco sectario ¿no? 

—¡Tiene una secta! Y en las sectas se ha mezclado la desintoxicación de los drogadictos con problemas espirituales de las personas, con la práctica del yoga. Se ha mezclado todo y se ha hecho un puré de patatas alucinarte. Y eso se traduce en un bussiness que produce unos dividendos y una facturación acojonantes. Se está traficando con algo muy muy muy peligroso, con la capacidad de discernimiento y de libre albedrío de los individuos. Y yo, por ahí no paso. ¡Las sectas, tío!.., te voy a decir una frase famosa: considero a la Iglesia Católica como otra secta más. Y a la Conferencia Episcopal, como la cabeza jerárquica de una secta llamada Iglesia Apostólica y Romana. 


—Lo que le sucede a Alicia en la secta de Trauman la coloca en el límite de la locura absoluta. Y ahí aparece Doctor Vértigo ¿''el bueno" de la historia? 

—Eso es discutible. Se supone que el psiquiatra bueno, democrático, colegiado y tal, para lo que trabaja y cobra es para reponer un cierto equilibrio emocional en el individuo. Pero ¿no querrá decir eso qué lo qué se propone la psiquiatría en general —como concepto— es reintegrar a los elementos productivos extraviados al aparato productor del Estado? Las tácticas no difieren mucho de las que utilizan los que van por libre, los sectarios. Tácticas intimidatorias y chantajistas. Tácticas de reinserción. La reinserción consiste en cortar todos los brotes de insumisión y rebelión que el loco presenta. Y aquí podríamos citar a Michel Foucault, a Ronald Laing, etc. 

—¿Caminamos hacia la pasteurizada homogeneización? 

—Actualmente se potencia la ortodoxia al máximo. Y eso se demuestra con la "disciplina de partido"... La mecánica de comportamiento de partido se intenta extrapolar a la mecánica de comportamiento habitual, individual, personal. Es decir: las leyes, nuestras actuales leyes son "lo mejor que nos podía pasar". La actual concepción de la vida —por parte de Estado— es "imposible que fuera mejor". Entonces, todo lo que signifique cuestionamiento vital, se mira mal. Una vez más, el Estado... O sea, un Estado totalitario, fundamentado en los principios del Movimiento Nacional o fundamentado en las leyes de la Constitución Democrática Española, lo que quiere es la comunión general... 

—Es algo como religioso... 

—Es religioso.., es teológico. Los regímenes presidencialistas son teocráticos. Y el loco representa lo de siempre: el que se lo salta a la torera. Y esto no puede ser. El Doctor Vértigo representa la reinserción, sea para los drogadictos, sea para los terroristas, ¡y para los majaras, tío! La reinserción es la palabra clave. Y reinserción es igual a sumisión. Sumisión a los "grandes beneficios" de la democracia: una existencia apacible, ordenada, tranquila, de presunto bienestar social... Los gobernantes se han dado cuenta de que la psiquiatría funciona ideal como policía paralela. Ya lo he comentado muchas veces: el policía bueno y el policía malo, Doctor Vértigo y Profesor Trauman. 

—Alicia, al fin ¿se libera o no? 

—El Doctor le proporciona a Alicia lo menos malo. La soledad, la resignación y la sumisión a lo fáctico, que es la vida en sí misma. La vida no es nada divertida, sobre todo si no tienes dinero. El psiquiatra te proporciona la posibilidad de que reconozcas que es mejor que no estés loco y que te sometas a la puta realidad. Es peor la lucidez que la locura...



—¿Cómo llevas lo del Premio del Saló del Comic? 

—Es un rollo un poco apabullante... Porque yo considero que un porcentaje del público asistente, de las fuerzas vivas y tácticas del cómic en España, no estaba conforme. Pero al ser un jurado de once personas... ahí me pliego al criterio de esos hombres justos. Luego, hay otra cosa: el fenómeno de que la corporación tiene la obligación compulsiva de homenajearse anualmente. Primero, para darse sentido a sí misma. Segundo, para proyectarse al exterior. Luego, para calmar ánimos. Y, en el aspecto comercial, por lo que significa de propaganda. Sinceramente, yo no consigo creerme que sea el mejor del año 89. Sí creo que fui el mejor del 84, cuando hice Taxista  Además, no me creo lo de mejor y peor. Esto es importante... Te meten en el ranking. Y los ranking funcionan en el mundo financiero, en el mundo del rock, en el mundo del show bussiness, lo cual es patético. 

—¿Te ronda algo por la cabeza para la próxima obra? 

—Ahora llevo unos cuantos meses con un poco de confusión respecto a eso. Tengo unas cuantas cosas posibles pero no me acabo de decidir y estoy hecho polvo dándole vueltas. Improductivo total, porque yo mismo me he creído lo de la importancia de Doctor Vértigo y une siento responsable de seguir dando el salto en el vacío, en el sentido circense del "más difícil todavía". Tengo ideas para eso. Lo que pasa es que aún no he encontrado el tono. O sea, la base de mis cosas es encontrar el tono de la historia. El dibujo y los diálogos vienen luego por sí mismos. Y llevo meses, literalmente, en una especie de confusión, de neblina. Este premio no va a solucionar para nada mi confusión, simplemente me va a permitir subsistir un poco más. Antes de hacer Doctor Vértigo también llevaba muchísimo tiempo dándole la tabarra a los amigos. "Es algo de un psiquiatra que se mete en el cerebro de una paciente", les decía. Y la gente se reía... ¡Quien ríe último, ríe mejor!... 


En anteriores entregas de El Gabinete del Doctor Martí:
Atajos
Antológica
La Muerte de Martí Riera

1.5.13

EL FUTURO DEL AÑO 2019


En términos de Sociedad Borderline la portada de hoy de La Razón supone un hito histórico y una revolución de los mass media al demostrar que la fantaciencia esotérica puede ser material de primera plana. También de que el presente está tan chungo que es necesario viajar al futuro, muy al futuro, para vislumbrar un rayo de esperanza. De tordas formas, hace 50 años nos prometían coches voladores y mochilas cohete para el año 2000, así que no sé yo. Si nos atenemos a la prospección anticipativa del inconsciente colectivo a través de la cultura pOp, todos sabemos que el futuro inmediato está más cerca de una explotación italiana de Mad Max que de otra cosa.    


De todas formas, no hay que rechazar las noticias del futuro. En 1899 se predijo Educación para la Ciudadanía.




Algunas noticias más del futuro: 
El Levante español en el 2019


Español demócrata del año 2019

Eso sí, en cuestión de prensa mediática y futuro, lo mejor es poner en manos de profesionales como los de Weekly Word News:



Y no se me pongan escépticos que este mítico semanario predijo la situación actual en noviembre de 2000

Weekly World News noviembre 2000

24.4.13

EL GABINETE DEL DOCTOR MARTÍ (III): LA MUERTE DE MARTÍ RIERA



El dibujante Martí Riera, uno de los puntales de El Víbora y autor de obras tan reconocidas como Taxista o la recientemente publicada antología Atajos, murió el 21 de marzo de 1982 suicidándose por ahorcamiento en un hospital donde se encontraba ingresado, aunque posteriormente la tesis del suicidio fue puesta en duda.


 Un momento. Algo no cuadra. Si Martí murió en marzo de 1982... ¿cómo es que en años posteriores, muy posteriroes, se siguieron publicando historietas de Martí? Es un misterio. De hecho... ¿cómo es que Martí, o alguien que dice serlo, ha sido visto estos días firmando ejemplares en el Saló del cómic o en Sant Jordi?

Quizá la respuesta la tuviera Josep Maria Berenguer, el editor de El Víbora y La Cúpula, pero falleció recientemente. En el número 29 (abril de 1982) de El Víbora el editor firmó un texto extraño en el que comunicaba la muerte del dibujante y relataba los extraños sucesos que la envolvían (amenazas de muerte anónimas incluidas). Martí venía de publicar dos de sus historietas más célebres. Por un lado, en El Víbora Especial Amor incluía su peculiar versión de Romeo y Julieta. Por otro, justo en el número anterior se había publicado la primera y autoconclusiva historieta de Taxista, que luego se convertiría en el inicio de una de sus más célebres creaciones. ¿He dicho inicio? ¡Pero si estaba muerto!



En realidad se trataba de una broma del dibujante, aceptada por el editor. Lo que hoy llamaríamos un fake (que no fue viral porque no existían las redes sociales).

Viendo hoy las páginas, que funcionan como un relato de crimen y muestran la mano de Martí en la maqueta, es posible sospechar del engaño, pero entonces, en 1982, me lo creí. Era un lector inocente de 16 años que compraba la revista desde el primer número (curiosamente, 29 números de El Víbora no me habían hecho perder la inocencia, o parte de ella).Me lo creí, claro, y me llenó de inquietud. ¡Uno de mis dibujantes preferidos de El Víbora muere ahorcado, por suicidio o asesinato!. Una noticia impactante. Más impactante aún fue cuando un mes más tarde visité el Salón del Cómic, entonces en su segunda edición, y en el estand de La Cúpula pude ver a un resucitado Martí la mar de sano y sonriente, qué cabrón.



Visto hoy, el Requiem por Martí, se puede encuadrar como parte de su obra y su universo, tanto por tomar esas noticias de sucesos (enlazo las noticias reales que adulteraró y transgiversó, publicadas en El País aquí y aquí) que le inspiraban algunas de sus historietas más crudas, como por formar un mundo tan especial y tan generoso en humor negro que era capaz de jugar con su propia muerte.

Dado que no se han publicado nunca en ningún otro lugar, dejo aquí las cuatro páginas del Requiem por Martí que aparecieron en aquel inquietante y viejo Víbora.



En anteriores entregas de El Gabinete del Doctor Martí:
Atajos
Antológica

20.4.13

EPÍSTOLAS LIBRESCAS (II): ESPECIAL DÍA DEL LIBRO


Buenos días, Absence;
 Parece que fue ayer y ya casi han pasado dos meses desde la última carta. No solo eso, también estamos al borde del Día del Libro así que siempre sale alguna cosa más. Claro que si lo piensas con frialdad en realidad no son tantos los libros que estoy seleccionando. No llegan a cien, menos de un tercio de lo que el grupo Planeta publica mensualmente, y si tenemos en cuenta que según el Gremio de Editores se publicaron una media de siete mil trescientos títulos al mes es en realidad una minucia. Pero vamos a tratar de poner las cosas más fáciles con una pequeña selección de lo más destacado que ha salido hasta el día de hoy.
Quizá la novela más redonda que he leído en estos dos meses sea Un paraíso inalcanzable de John Mortimer, Ediciones del Asteroide, que funciona como historia de la gente que vivió en Inglaterra desde los cuarenta hasta los ochenta y, como tal, refleja los movimientos que facilitaron el ascenso del despiadado thatcherismo. Todo ello disfrazándolo de trama familiar que en realidad no es tan centro de la acción como vehículo de la misma, pronto veremos ganar importancia al resto del vecindario mientras comprobamos con los saltos temporales la auténtica forma en que se fue preparando el presente.

Otra aproximación al pasado y sus formas de narrarlo, esta periodística, es La banda que escribía torcido de Marc Weingarten en Libros del K.O., que echa un vistazo al nacimiento de ese nuevo periodismo formado por gente tan distinta como Hunter S. Thompson y Tom Wolfe o Joan Didion y Gay Talese, una forma de narrar que contagiaría a otros narradores a intentar ofrecer la realidad de una manera distinta y desde puntos de vistas no conformistas ni habituales. Este volumen sirve tanto de investigación de este no-grupo como de celebración del mismo.

Hablando de periodistas, estoy seguro de que lo último de Jacinto Antón, Héroes, aventureros y cobardes, en RBA, no se os habrá pasado por alto. Y es que esta recopilación de sus artículos y entrevistas en El País sirve para repasar las obsesiones de Antón e ir conociendo a un montón de figuras interesantes a los que quizá la historia no había prestado el interés necesario antes.
En cuanto a cosas poco conocidas, seguro que Jiří Kratochvil, autor checo con sólo una obra publicada en España, merece un segundo vistazo con su novela La promesa de Kamil Modráček, en Impedimenta, una historia que más que sobre el terror totalitario habla de venganza, logrando incorporar el humor negrísimo dentro de una historia bastante dura.
Claro que si prefieres algo más comercial, adictivo y lleno de giros de guión tienes ahí el superéxito del momentos, Perdida de Gillian Flynn, en Roja & Negra de Mondadori. Un thriller a la americana que explora las relaciones de pareja, los entornos y las trampas de la comunicación, con un estilo lleno de humor socarrón. porque hacer literatura de consumo ofrece muchas posibilidades.
Hay veces que se trata sólo de añadir un valor extra, eso es lo que pasa con la edición de Libros del Zorro Rojo de 1280 Almas de Jim Thompson, una novela magistral en su forma original que ahora se beneficia de las magistrales ilustraciones de Jordi Bernet. Una auténtica delicia en todos los sentidos.

Este sé que lo tienes y lo has leído, pero seguro que estás de acuerdo en que es de lo más relevante que ha salido últimamente, me refiero a Marvel Comics: La historia jamás contada, de Sean Howe en Panini, espero impaciente tu reseña pero mientras déjame que diga que es un libro fundamental para entender no sólo el negocio de los cómics sino también el devenir de la industria cultural a lo largo de las décadas. ¡Imprescindible es poco!

La verdad es que esto de los cómics está dando para mucho. No me refiero a ellos, que ya sé que para ellos te vales tú solo, pero haciendo un breve repaso, además del de Howe se ha presentado hace poco Imágenes del desencanto. (Nueva historieta española 1980-1986) de Pedro Pérez del Solar, en Iberoamericana, que demuestra que al final llevamos décadas de crepúsculo, y -sé que te daría apuro mencionarlo, ya lo haré yo- Supercomic, coordinado por Santiago García para Errata Naturae, una colección de ensayos sobre el cómic en la actualidad que sirve para ofrecer una faceta diferente a la de los otros dos libros.
Y es que la crítica cultural siempre tiene cosas interesantes, tanto sacando una recopilación de escritos como los de Hugo Ball en Dios tras dadá, ed. Berenice, en el que lo mismo te analiza la "teología política" de Carl Smitch que te habla de conceptos ideológicos; como con En la cuerda floja de lo eterno. (Sobre la gramática alucinada de Egon Schiele) en Acantilado, en el que Carla Carmona analiza al pintor austriaco no sólo por sus obras, también en relación con su época y conemporáneos; y, finalmente Poesía, pop y contracultura en España de Antonio Orihuela, de nuevo en Berenice, en la que recorre la contracultura del 62 al 82 en todas sus manifestaciones, sea en cómics, canciones, libros o acciones.

Que salgan cosas interesantes en ensayo no significa que no haya novelas, claro, y si bien lo más destacable de un autor español puede haber sido En la orilla de Rafael Chirbes en Anagrama, la verdad es que el campo internacional está sembradísimo. Desde la novela que me dejé descolgada la última vez, El arte de la defensa de Chad Harbach en Salamandra, una novela cuyo tema basebalístico central está evitando que se le dé la oportunidad que merece, al regreso de varios clásicos como John Irving con Personas como yo en Tusquets, en una de sus historias de aprendizaje; o Peter Carey que en La naturaleza de las lágrimas, Alfaguara, habla del amor, las relaciones y la creación y mantenimiento de los autómatas; Michael Chabon en Telegraph Avenue de Mondadori, explora la amistad, el matrimonio y los negocios, especialmente si son culturales y, por tanto, amenazados; Jeffrey Eugenides en La trama nupcial, Anagrama, se ocupa incluso más de cerca de lo que podríamos llamar "las relaciones humanas" y Cees Nooteboom sigue a lo suyo en Carta a Poseidón, Siruela, y bien que hace, por supuesto.



Mucho bueno en el lado femenino también, regresa Alice Munro con Mi vida querida, Lumen, una de sus brillantes colecciones de cuentos; y también de cuentos y también en Lumen llega Un día es un día de Margaret Atwood, esta vez reuniéndolos en un formato que permite unirlos como un todo. Por terminar con Lumen, han sacado una edición ilustrada por Becca Stadtlander de Un cuarto propio de Virginia Woolf que es una auténtica preciosidad.

Dentro del grupo Random House, en Mondadori, hay un hueco para Maria Semple y Dónde estás, Bernadette, a ratos simplemente cómica, en otros más experimental, pero sorprendentemente perspicaz siempre. Y ya que estamos, termino con Sue Towsend, la autora tras Adrian Mole, que presenta su última novela, La mujer que vivió un año en la cama, en Espasa, sobre una mujer que decide que ha llegado el momento de decir "Hasta aquí". Y yéndonos al pasado, Molly Keane con Buen comportamiento en Contraseña, realiza un fresco de esas familias en decadencia que tiene lo justo para aparentar mientras a su alrededor todo se desploma.

Ya que estoy con cosas que se caen, al final Minotauro no pudo recuperar Dr. Bloodmoney, seguiremos esperando, pero sí ha rescatado también de Philip K. Dick, La invasión divina, una de esas obras alucinatorias y alucinantes, esta vez con tema "religioso". Y es que la novela fantástica va viento en popa. Fíjate en Alba Editorial que ha aprovechado para sacar en Rara Avis dos volúmenes fundamentales, La cabeza del profesor Dowell de A.R. Beliaev y una antología llamada Pioneros de la ciencia ficción rusa con historias cortas de Apujtin, Infántiev, Briúsov y Montslov;

 y mientras en RBA siguen creando poco a poco su colección, rescatando a Robert Scheckley y su Trueque Mental, presentando iniciativas como Mongoliad o un libro que vas a amar instantáneamente: Osama, de Lavie Tidhar, que juega con la metaficción, las novelas pulp y los atentados terroristas. Si esto no te gusta no sé ya qué puede hacerlo. Además de lo cuál en Valdemar siguen con Lovecraft, rescatando esta vez en Más allá de los eones sus obras en colaboración. Y en La Factoría de Ideas han llegado ya a la décima entrega de Harry Dresden, Un pequeño favor. Y si no conoces la saga no te preocupes que en DeBolsillo están reeditando las primeras.


No son los únicos con recuperaciones, en la novela negra pasa también, gracias a lo cual podemos disfrutar en Serie Negra de RBA de la Libertad condicional de Jim Thompson, de Dios salve al primo de Donald Westlake, de Los Malignos de Ross MacDonald o El traficante de Ed McBain. Por cierto que también en RBA han sacado El manuscrito Godwulf de Robert B. Parker, el primero de los libros protagonizados por Spenser; aunque lo más destacable para mí sea El pato mexicano, otro libro del enormísimo James Crumley, un autor que merecería más reconocimiento en España. Y ojo que no sólo RBA recupera, que también Akal tiene un par de novedades interesantes, como Plan B de Chester Himes y, sobre todo, la brillante La muñeca ciega del italoruso Giorgio Scerbanenco, un autor al que nunca se reivindica lo suficiente. 



Por lo demás, variedad. Tenemos a la noruega Anne Holt ofreciendo en 1222 su particular versión del clásico grupo de extraños aislados con asesinatos; tenemos en Dos tumbas, Plaza &Janés, el final de la última saga de Pendergast de manos como siempre de Douglas Preston y Lincoln Child; tenemos el regreso de Galileo, el investigador a la Colombo del japones Keigo Higashino en La salvación de una santa en Ediciones B y, por supuesto, Malvados, en Tusquets, es un nuevo John Connolly, esta vez sin Charlie Parker, con un formato más tradicional e igual de brutal, y también en Tusquets El cementerio vacío de Ramiro Pinilla, su segunda novela policíaca puro divertimento ambientado en la posguerra Aunque sospecho que te puede gustar incluso más Don de lenguas de la ya habitual al género Rosa Ribas, acompañada esta vez por Sabine Hofmann. Se trata de una investigación en la Barcelona de inicios de los cincuenta por parte de una joven periodista, una trama que será menos importante que retratar con pocos maniqueísmos la situación de vencedores y vencidos y el particular concepto de justicia que se seguía. Publica Siruela.


Otra obra que seguro que te gustará es Eso no puede pasar aquí de Sinclair Lewis, en Machado, en la que el Premio Nobel, superpone una ucronía totalitaria a los Estados Unidos post-crack del '29, una sátira negro petróleo sobre el periodismo, las dictaduras y el modo de vida americano. Hud, el salvaje de Larry McMurtry en Gallo Nero es una muy original revisión de los ideales de las obras del oeste a través de los enfrentamientos dentro de una saga familiar. Mi primo, mi gastroenterologo de Mark Leyner en Pálido Fuego en el que se satiriza la impostura moderna y modernista, o quizá se la mire con cariño, ambas a la vez en ocasiones, lo indudable es que se trata de un libro que se nutre de la cultura pop y el posmodernismo. Mientras Bestseller de Alessandro Gallenzi en Alba, se ocupa de satirizar el moderno concepto editorial. De hacer pasta, vaya.


Para contrarrestar toda esta acidez siempre puedes optar por Kioto, un libro aparentemente folletinesco pero fundamentalmente introspectiva y delicada, centrada en la misma la naturaleza y con el cuidado preciosismo habitual de Yasunari Kawabata, en Emecé, o los cuentos de Los sueños de diez noches del gran Natsume Soseki, en Olañeta, preciosas piezas mínimas de un autor que ve publicado también una colección de haikus en Satori con el título Sueño de la libélula. O la encantadora novela británica Todas las criaturas grandes y pequeñas de James Herriot, en Ediciones del viento, sobre la vida de un veterinario rural, un libro encantador y muy amable. De manera que cuando ya hayas logrado esa paz de espíritu puedas echarle un ojo a El partisano Johnny de Beppe Fenoglio, en Sajalin, un retrato sobre la guerra que demuestra no sólo sus horrores sino también sus necesidades. Y también está El festín de John Saturnall, claro, publicado por Galaxia Gutenberg y escrito por Lawrence Norfolk, reúne en sus páginas parte de novela histórica con el placer de comer, y el de cocinar.


La novela histórica tiene cosas interesantes, empezando por Una reina en el estrado de Hilary Mantel en Destino, que continúa con la Inglaterra de los Tudor centrándose esta vez en la historia de Ana Bolena; Adrian Goldsworthy abandona los tiempos romanos en Soldados de honor, en La Esfera de los libros, pasándose a los casacas rojas durante la Guerra de Independencia luchando contra las tropas napoleónicas; y a medio camino entre la historia y el western se encuentra Centauros del desierto, de Alan Le May en la colección Frontera de Valdemar, la novela de la que saldría la película y que es todo un referente de las historias del Oeste.

Tentado he estado de pasarla a este párrafo y que encabezara las novelas de aventuras, igual que no sabía bien dónde colocar El tiempo de los héroes de Javier Reverte, en Plaza y Janés, sobre el final de la Guerra Civil y la salida del gobierno republicano de España centrado en la figura del General Juan Modesto, sí lo tengo más claro con Imperium del suizo Christian Kracht, en Ediciones B, sobre los héroes de antaño, las aventuras coloniales y la locura imperialista. Lo que nos lleva a un libro que, sospecho, puede que ya tengas entre tus manos: Bioko de Marc Pastor, en Planeta, con una aventura que podríamos definir también como colonial o sinsentido de la isla de Fernando Poo, a finales del Siglo XIX.

Todo este trasiego colonial e histórico me hace recordar que entre las biografías destacadas de estos dos meses A la sombra de Corto, la segunda parte de las más-o-menos memorias de Hugo Pratt, edita Confluencias, esta vez con un formato más de entrevistas. Aunque para entrevistas nada como el libro que saca Gallo Nero de Hunter S Thompson, se trata de El último dinosaurio, una recopilación de alguna de sus mejores entrevistas que seguro que te complace. Igual que Vida y obra de un pionero del cine en Casimiro, las memorias de Georges Melies en un pequeño libro delicioso. o Yo fui el camello de Keith Richards de Tony Sánchez en la editorial Contra, una biografía desde dentro de los Rolling Stones que resulta completamente creíble mediante las anécdotas de los problemas que iban causando y como lo solucionaban como podían mientras seguían hacia delante. Una intimidad tan enorme que sólo la puedo comparar a la de otro de la recopilación de cartas íntimas entre Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós que acaba de publicar Turner, Miquiño Mío, una demostración de ternura y de movimientos subterráneos en las letras españolas. Lo que me lleva a la recién creada editorial Siberia que acaba de publicar las Cartas de Amor de Dylan Thomas. ¡La intimidad ya no es lo que era!


Pero volvamos por un momento a la historia porque Alba ha sacado En el piso de abajo. Memorias de una cocinera inglesa de los años 20 de Margaret Powell, todo un repaso a cómo vivían los sirvientes. También muy interesante el repaso que Ben Macintyre hace en La historia secreta del Día D, Ed. Crítica, a los espías dobles que ayudaron al bando aliado a ganar la guerra, en una suerte de extensión de todas esas historias, entre cómicas y turbias a las que ya se había acercado en su anterior libro. Aunque para historias sórdidas, y llenas de vicisitudes, sin duda Historias(s) de la Fórmula 1, T&B, de José Ramón Lorenzo, un repaso hilarante al dentro y fuera de la competición automovilística.

Sé que parecen muchos libros, pero hay tanto que mostrar y que elegir... Por ejemplo, en Antifragil, Nassim Nicholas Taleb, Paidos, el de los cisnes negros, hablan del desorden y los beneficios que pueden llegar a tener. Y, casi como en un espejo, Acantilado acaba de publicar la Ortodoxia de G. K. Chesterton, uno de esos pequeños ensayos llenos de reflexiones por el enorme autor inglés.

También reflexiones aunque mucho más peculiares son las de Si amaestras a una cabra llevas mucho adelantado de José Luis Cuerda, que se autodenomina El Sun Tzu de Albacete para explicar esta selección de aforismos e ilustraciones que acaba de publicar con Martínez Roca, y de director a director de cine, porque Libros del Silencio acaba de publicar Fuego en las entrañas, una rareza que Pedro Almodóvar creó en los ochentas con la participación de Javier Mariscal y que resulta todo un ejemplo de esa época, mostrando a un joven director contracultural y pop que venía de rodar su primera película.

Lo que me lleva a hablar de reediciones, desde las que traen una nueva versión por sus ilustraciones como la versión de Las flores del mal de Charles Baudelaire con ilustraciones de Eduardo Arroyo que acaba de sacar Abada hasta las recuperaciones de textos raros del autor, como El anticristo de Joseph Roth en Capitan Swing o El año del jardinero de Karl Capek en Olañeta, e incluso las que inician una ambiciosa labor de recuperación como Henry y Cato que es el inicio de una Biblioteca Irish Murdoch en Impedimenta. O la reedición más sencilla, la de El bosque del cisne negro con la que Duomo vuelve a poner a nuestro alcance esta obra descatalogada de David Mitchell tras el éxito de su Alas de las nubes.

Y voy a meter un dedito en las aguas de infantil porque hay dos novedades interesantes, para más mayores Desastre & Total en Molino, la incursión de Stephan Pastis, el autor de Pearls before swine, en la literatura infantil, mitad diario mitad policíaco pero todo cataclismos. Y A todos los monstruos les da miedo la oscuridad de Michaël Escoffier y Kris Di Giacomo, en Kokinos, que habla de monstruos, de miedos infantiles también, pero sobre todo de monstruos.

Todo esto para el día 23, pero hay cosas muy interesantes que no han podido llegar a tiempo como Sobre mi madre del Pulitzer Richard Russo, en Alfaguara, una historia intimista y claramente biográfica; o 1688 de Steve Pincus, en Acantilado, sobre lo que el autor califica como la primera revolución moderna, un auténtico tochazo histórico; o El cazador sordo de James McClure, con nuevas aventuras en Sudáfrica en las que el género negro sirve para que veamos que por detrás había una sociedad llena de problemas. Aunque sospecho que a ti el que más te lamentará que no haya llegado a tiempo es La conspiración mundial, un nuevo libro editado por Obelisco en el que el siempre popular David Icke nos cuenta sus teorías reptilianas y de dominación mundial. 
Todo lo cuál nos lleva a un libro que ya está en las estanterías y que he decidido reservarte para el final: La muerte del espía con bragas de José Fernando Mota Muñoz y Javier Tébar Hurtado, en la editorial Flor del Viento, que a partir de un hecho real va rastreando la presencia de espías, servicios secretos, militares, policías y demás redes de defensa, control y desconfianza en la Barcelona de posguerra. Muy didáctico, como te puedes imaginar.

Como ves Sant Jordi siempre anima a la publicación de libros, igual que a su compra y, a veces, a la lectura. Así que... ¡Feliz Día del Libro!
Un abrazo,
Jónatan.
Jónatan Sark es lector compulsivo y librero vocacional. No se me ocurre mejor persona en cuestión de recomendaciones literarias y conocimiento de la actualidad editorial. Si no has tenido suficiente (cosa que dudo) con estas recomendaciones, prueba aquí y aquí. A continuación, un mosaico Amazon con los libros recomendados. Si te apetece comprarlos desde aquí, me llevo una pequeña comisión que se invierte íntegramente en mi adicción a la lectura. Gracias.